Cómo crear personajes inteligentes en los diálogos

Un personaje inteligente no es necesariamente el que tiene más conocimientos, utiliza palabras más sofisticadas o encuentra siempre la respuesta correcta en una escena. En un diálogo, la inteligencia de un personaje se puede manifestar en cómo utiliza lo que sabe, qué decide decir y qué decide callar para conseguir aquello que quiere.

Por eso, para crear personajes inteligentes no basta con escribir buenas réplicas o hacer que conteste algo ingenioso con un ritmo rápido. Hay que pensar qué hay detrás de ellas: qué sabe el personaje, qué pretende conseguir y qué considera que es mejor decir en cada momento.

Utilizar la ironía, el sarcasmo y el subtexto

Una de las formas de dotar de inteligencia a un personaje consiste en permitirle decir algo diferente de lo que realmente quiere comunicar.

La ironía, el sarcasmo y el subtexto pueden servir para ello.

Un personaje puede utilizar la ironía para evitar decir directamente lo que piensa. Puede recurrir al sarcasmo para atacar al otro sin formular abiertamente el ataque. O puede construir una frase aparentemente inocente detrás de la que existe otra intención.

Pero estos recursos no hacen inteligente a un personaje por sí mismos.

Lo importante es para qué los utiliza.

Si un personaje recurre al sarcasmo para conseguir que otro se sienta culpable, si utiliza la ironía para esquivar una pregunta incómoda o si dice algo aparentemente amable para provocar una reacción, el recurso está relacionado con un objetivo.

La inteligencia del personaje aparece entonces en la relación entre lo que dice, lo que realmente quiere y la estrategia que utiliza para conseguirlo.

Utilizar argumentos elaborados para conseguir un objetivo

Un personaje también puede demostrar su inteligencia mediante la manera en que construye sus argumentos.

Cuando un personaje quiere convencer a otro de algo, no tiene por qué limitarse a exponer su opinión. Puede anticiparse a las objeciones, buscar los puntos débiles del argumento contrario, utilizar información que conoce o presentar los hechos de la manera que más le convenga.

Por ejemplo, dos personajes pueden defender posiciones enfrentadas. Uno de ellos puede limitarse a repetir que tiene razón. El otro puede haber pensado previamente qué argumentos utilizará su interlocutor y preparar una respuesta para cada uno.

Esto no significa que el segundo personaje tenga necesariamente razón.

Significa que ha elaborado una estrategia para conseguir su objetivo.

El personaje puede intentar convencer, manipular, negociar, justificarse o conseguir que el otro cambie de opinión. El diálogo se convierte así en un enfrentamiento de estrategias, no únicamente en un intercambio de información.

La información según los intereses del personaje

Los personajes no tienen por qué decir lo que piensan.

Pueden decir lo que creen que es mejor decir para conseguir su objetivo, aunque eso signifique ocultar información, deformarla o presentarla de una determinada manera.

Y esto puede suceder de forma consciente o inconsciente.

Imaginemos que un personaje sabe que ha cometido un error y que otro le pregunta qué ha ocurrido. No tiene por qué contar la verdad. Puede ocultar una parte de la información, modificarla, culpar a otra persona o responder únicamente aquello que considera conveniente.

La cuestión no es solamente qué información tiene el personaje.

La cuestión es qué hace con esa información.

Dos personajes que conozcan exactamente los mismos hechos pueden mantener conversaciones completamente diferentes porque tienen intereses diferentes.

Por eso, al escribir un diálogo, puede ser útil preguntarse:

¿Qué sabe este personaje?

¿Qué quiere conseguir?

¿Qué información le interesa revelar?

¿Qué información le interesa ocultar?

¿Qué cree que debe decir para acercarse a su objetivo?

La respuesta a estas preguntas puede cambiar por completo una misma conversación.

Ir por delante del espectador: la ironía dramática

Otra posibilidad consiste en jugar con la diferencia entre la información que posee el personaje y la que posee el espectador.

La ironía dramática aparece, por ejemplo, cuando el espectador sabe algo que el personaje desconoce.

El personaje puede mantener una conversación aparentemente normal mientras el espectador comprende que sus palabras tienen un significado diferente porque conoce una información que él todavía no tiene.

También puede ocurrir lo contrario: que el personaje conozca algo que el espectador todavía desconoce y que sus palabras permitan percibir que existe información oculta.

En ambos casos, el diálogo puede adquirir una segunda capa.

El personaje no necesita explicar todo lo que sabe. De hecho, puede resultar más interesante que actúe y hable de acuerdo con esa información mientras el espectador descubre poco a poco qué hay detrás de sus palabras.

La inteligencia del personaje, en este caso, puede estar también en saber qué información puede utilizar y cuál debe reservarse.

Crear personajes inteligentes implica, en definitiva, pensar no solo en lo que dicen, sino en las razones que hay detrás de sus palabras. La inteligencia puede estar tanto en lo que un personaje revela como en aquello que decide ocultar.

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