Libros de cinematografía: La Poética de Aristóteles (reseña y opinión)

La Poética de Aristóteles es un tratado del siglo IV a. C. en el que Aristóteles analiza principalmente la tragedia y reflexiona sobre cuestiones como la acción, la trama, la verosimilitud, la peripecia, la anagnórisis y la catarsis. Aunque no es un manual de guion cinematográfico, muchas de las preguntas que plantea siguen siendo útiles para analizar y escribir películas.

¿Qué es la Poética de Aristóteles?

La Poética es uno de los primeros textos conservados dedicados al análisis sistemático de las artes imitativas y, especialmente, de la tragedia. Aristóteles parte de las obras de su tiempo e intenta identificar qué elementos las componen y cómo funcionan.

Uno de sus conceptos fundamentales es la mímesis, que suele traducirse como imitación. Pero no debemos entenderla simplemente como copiar la realidad. Para Aristóteles, el arte representa acciones humanas y puede mostrar no solo lo que ha ocurrido, sino aquello que podría ocurrir de acuerdo con lo probable o lo necesario.

Esta distinción sigue siendo importante para quien escribe una película. Una historia no tiene que reproducir la realidad para resultar convincente. Puede inventar acontecimientos, personajes y situaciones siempre que exista una lógica que permita creer en ellos.

La Poética también establece una diferencia entre la historia y la poesía. La historia se ocupa de lo que ha sucedido; la poesía puede ocuparse de lo que podría suceder. Por eso, para Aristóteles, la creación poética tiene una dimensión más general: puede mostrar posibilidades de la experiencia humana.

La acción es el centro de la historia

Una de las ideas más importantes de la Poética es la relevancia que concede a la acción.

Aristóteles considera que la tragedia no consiste fundamentalmente en presentar una serie de personajes interesantes, sino en organizar una acción. Los personajes importan, pero sus características se manifiestan también a través de las decisiones que toman y de aquello que hacen.

Por eso concede tanta importancia al mythos, término que suele traducirse como trama o fábula. No se refiere simplemente a la historia entendida como una sucesión de acontecimientos, sino a la manera en que esos acontecimientos están organizados.

Aquí encontramos una idea especialmente útil para quien escribe cine: no basta con tener buenos personajes o situaciones interesantes. Hay que decidir cómo se relacionan los acontecimientos y qué consecuencias produce cada decisión.

Una película puede contener muchos acontecimientos y, sin embargo, carecer de una trama sólida si estos no mantienen una relación significativa entre sí.

Esta importancia de la acción también ayuda a entender por qué el guionista no trabaja únicamente con ideas o personajes, sino con acontecimientos que deben desarrollarse dentro de una escena y producir consecuencias sobre lo que ocurre después.

Las partes de la tragedia

Aristóteles distingue diferentes elementos que intervienen en la tragedia. Tradicionalmente se habla de seis: trama, caracteres, pensamiento, dicción, espectáculo y canto.

La trama ocupa un lugar central en su análisis. Los caracteres corresponden a los personajes y el pensamiento tiene que ver con las ideas o razonamientos expresados en la obra. La dicción se refiere a la expresión mediante las palabras, mientras que el espectáculo está relacionado con la representación escénica y el canto con la dimensión musical de la tragedia.

No todos estos elementos tienen una traducción directa al cine, y tampoco tendría sentido intentar convertirlos en categorías de un manual de guion moderno.

Sin embargo, la distinción resulta interesante porque recuerda que una obra narrativa no se construye únicamente con acontecimientos. También intervienen los personajes, las ideas, las palabras y la forma en que aquello que hemos escrito termina convirtiéndose en una experiencia para el espectador.

Principio, medio y fin

Aristóteles sostiene que una acción completa debe tener principio, medio y fin. Esto no significa que estuviera describiendo exactamente la estructura en tres actos que utilizamos actualmente en los guiones.

La estructura en tres actos es una formulación posterior. Sin embargo, la observación aristotélica permite entender una cuestión que sigue siendo fundamental: una historia necesita una organización que permita percibirla como un conjunto.

El principio introduce aquello que pone en marcha la acción. El desarrollo conduce esa acción hacia sus consecuencias. Y el final lleva la historia a una conclusión.

Lo importante no es convertir estas tres partes en una plantilla rígida, sino comprender que los acontecimientos de una historia deben formar una unidad.

Esta forma de pensar la organización de una historia permite establecer un diálogo con propuestas posteriores como Salva el gato, de Blake Snyder, que plantea una estructura muy concreta para desarrollar guiones cinematográficos, aunque sus principios y su finalidad sean diferentes de los de Aristóteles.

Peripecia y anagnórisis

Entre los conceptos más conocidos de la Poética están la peripecia y la anagnórisis.

La peripecia es un cambio en el curso de la acción, especialmente un cambio de fortuna que conduce la historia en una dirección diferente.

La anagnórisis es el paso de la ignorancia al conocimiento: el momento en el que un personaje descubre algo que modifica su comprensión de la situación.

Aristóteles considera especialmente poderosa la combinación de ambos elementos. El reconocimiento puede producir un cambio decisivo en la acción y hacer que una información descubierta transforme retrospectivamente lo que hemos visto hasta ese momento.

En el cine encontramos mecanismos parecidos constantemente. Una revelación puede cambiar lo que el protagonista cree sobre otro personaje, sobre sí mismo o sobre aquello que está intentando conseguir.

Pero esto no significa que todo guion necesite una peripecia o una anagnórisis en el sentido estricto aristotélico. Son conceptos que pueden ayudarnos a pensar la construcción de una historia, no casillas que haya que marcar obligatoriamente.

La verosimilitud y la necesidad

Otro principio especialmente útil para la escritura cinematográfica es la importancia que Aristóteles concede a la verosimilitud y a la necesidad.

Los acontecimientos de una historia no deberían parecer colocados arbitrariamente. Debemos poder entender por qué una cosa sucede después de otra.

Esto no significa que todo tenga que ser previsible. De hecho, una historia puede sorprendernos precisamente porque produce un acontecimiento inesperado. La cuestión es que, cuando sucede, podamos reconocer que estaba sustentado por lo que había ocurrido anteriormente.

Para un guionista, esta diferencia es fundamental:

sorprender al espectador no significa engañarlo.

Un giro puede ser inesperado y, al mismo tiempo, resultar inevitable cuando miramos hacia atrás.

Esta preocupación por la construcción de la historia y por la relación entre sus acontecimientos también está presente en manuales de guion posteriores, como El guion, de Robert McKee, aunque McKee desarrolla su propio sistema y no se limita a trasladar las ideas de Aristóteles.

La catarsis: qué provoca la historia en el espectador

Aristóteles también se pregunta por el efecto de la tragedia sobre quien la contempla. Habla de la catarsis en relación con el temor y la compasión, aunque el significado exacto del término ha sido objeto de numerosas interpretaciones a lo largo de la historia y el propio Aristóteles no lo explica de manera detallada.

Por eso, no conviene reducir la catarsis simplemente a «hacer llorar al espectador» ni presentarla como una teoría moderna sobre la experiencia cinematográfica.

Lo que sí resulta especialmente interesante para un guionista es que Aristóteles presta atención al efecto que la tragedia produce en quien la contempla, además de analizar cómo está construida.

Una película no termina en lo que ocurre en la pantalla. Termina también en la experiencia del espectador.

Esta relación entre la construcción de la historia y el efecto que busca producir también resulta especialmente relevante cuando trabajamos la comedia. El libro Cómo orquestar una comedia permite profundizar precisamente en cómo se organizan los elementos de una historia para conseguir determinados efectos cómicos.

La Poética de Aristóteles aplicada a la escritura de películas

Leer la Poética desde la escritura cinematográfica resulta útil siempre que no intentemos convertirla en un manual de guion del siglo IV a. C.

Aristóteles no estableció las herramientas que utilizamos actualmente para escribir guiones. La estructura en tres actos, los puntos de giro o los arcos de personaje pertenecen a desarrollos posteriores. Lo que podemos hacer es utilizar algunas de sus ideas como herramientas para analizar cómo construimos nuestras propias historias.

Aristóteles puede ayudarnos a formular preguntas que siguen siendo esenciales:

¿De qué acción trata realmente la película?

¿Están los acontecimientos relacionados entre sí?

¿Las decisiones de los personajes producen consecuencias?

¿La historia tiene una unidad reconocible?

¿Los cambios importantes nacen de lo que ha sucedido anteriormente?

¿Las revelaciones transforman realmente la acción?

¿Resulta verosímil aquello que ocurre dentro del mundo de la película?

¿Y qué experiencia queremos provocar en el espectador?

Estas preguntas pueden estar detrás de muchas herramientas que el guionista utiliza hoy, aunque hayan recibido otros nombres.

También pueden trasladarse a cuestiones muy concretas de escritura: qué ocurre en cada escena, qué quiere el personaje, qué información recibe el espectador y cómo una decisión modifica la siguiente escena.

La Poética no contiene la receta para escribir una película. Tampoco establece que todas las historias deban seguir una estructura determinada. Su valor está en otro lugar: nos permite pensar la historia como una construcción en la que las acciones, los personajes, los acontecimientos y la experiencia del espectador están relacionados.

Por eso sigue siendo útil más de dos mil años después.

Cuando un guionista decide qué acontecimiento debe producirse, qué consecuencia tendrá, qué información conoce el personaje, cuándo debe descubrirla el espectador o cómo una decisión transforma el curso de la historia, está trabajando sobre problemas que Aristóteles ya intentó comprender.

No está aplicando una fórmula aristotélica.

Está haciéndose algunas de las mismas preguntas fundamentales sobre la construcción de una historia.

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