Cómo escribir un diálogo: 3 aspectos a tener en cuenta

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Para escribir un diálogo hay que tener en cuenta, al menos, tres aspectos: el ritmo, la inteligencia de los personajes y la verosimilitud. No se trata de aplicar una serie de reglas para conseguir automáticamente un buen resultado, sino de conocer las posibilidades que tenemos y decidir cómo utilizarlas en función de lo que queremos conseguir en la escena.

El ritmo en los diálogos

El ritmo es la velocidad y la cadencia con la que se suceden las intervenciones de los personajes.

Un diálogo puede ser rápido, lento o combinar diferentes velocidades dentro de una misma escena. Podemos trabajar con réplicas breves o intervenciones largas, variar quién habla y cuándo lo hace, utilizar frases inacabadas, repeticiones, preguntas respondidas con preguntas o malentendidos.

Pero estos recursos no tienen un efecto dramático fijo. Una réplica breve no significa necesariamente tensión y una intervención larga no significa necesariamente calma.

Lo importante es decidir qué ritmo necesita cada momento de la escena y qué queremos conseguir con él.

Para profundizar en el ritmo de las conversaciones, puedes consultar «El ritmo en los diálogos».

Cómo crear personajes inteligentes

La inteligencia de un personaje no consiste necesariamente en que tenga más conocimientos o encuentre siempre la respuesta correcta. También puede manifestarse en cómo utiliza lo que sabe, qué decide decir y qué decide callar para conseguir aquello que quiere.

Para ello podemos utilizar la ironía, el sarcasmo y el subtexto. También podemos construir personajes capaces de elaborar argumentos, anticiparse a las objeciones o utilizar la información de una manera determinada para conseguir sus objetivos.

Los personajes no tienen por qué decir lo que piensan. Pueden decir lo que creen que es mejor decir para conseguir aquello que quieren, incluso de forma inconsciente.

También podemos jugar con la información que posee el personaje y la que posee el espectador mediante la ironía dramática.

Todo esto se desarrolla con más detalle en «Cómo crear personajes inteligentes».

La verosimilitud en los diálogos

Un diálogo resulta verosímil cuando creemos que esos personajes podrían hablar de esa manera en esa situación. Esto no significa reproducir una conversación real palabra por palabra.

Los personajes pueden pensar mientras hablan, improvisar, dudar, rectificar, cambiar de opinión o, por el contrario, llevar preparado aquello que quieren decir.

También pueden tener tics verbales que contribuyan a construir su identidad. Y, sobre todo, cada personaje debe tener su propia voz.

Una buena prueba consiste en eliminar los nombres de los personajes de una escena y comprobar si seguimos pudiendo identificar quién habla. Si un personaje puede decir el diálogo de otro y no notamos ninguna diferencia, probablemente esas voces no están suficientemente diferenciadas.

La verosimilitud no consiste en copiar la realidad, sino en conseguir que aquello que dice cada personaje resulte coherente con quién es, con lo que sabe y con la situación en la que se encuentra.

En «La verosimilitud en los diálogos» encontrarás desarrolladas estas cuestiones.

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