Montaje o montage, batería de imágenes o secuencia de montaje: diferencias y cómo usarlos en un guion

Batería de imágenes, montage y secuencia de montaje en cine no son lo mismo, aunque es habitual confundirlos. Lo mismo ocurre con otros recursos de montaje, como el jump cut, que responde a una lógica diferente. Sin embargo, utilizarlos correctamente no es una cuestión puramente académica: elegir un recurso u otro determina qué información recibe el equipo que va a trabajar con el guion y también cómo imaginamos aquello que estamos leyendo.

En este artículo vamos a ver qué diferencia hay entre una batería de imágenes y un montage o secuencia de montaje, cómo se indican en un guion y qué posibilidades nos ofrece el formato para mejorar la experiencia cinematográfica de su lectura.

Montage y secuencia de montaje: qué son

Montage y secuencia de montaje son dos nombres para un mismo recurso: Se trata de una sucesión de pequeñas escenas que forman parte de una misma intención.

Un ejemplo habitual sería el de una comedia romántica en la que queremos mostrar que dos personajes pasan varios días juntos mientras se van enamorando. Podemos verlos paseando en barca por un lago, comiendo un helado en una feria o realizando diferentes actividades. Son situaciones distintas y pueden producirse en diferentes espacios o momentos, pero las estamos agrupando dentro de una misma secuencia que queremos que, tanto el equipo de la película, como el lector-espectador, lo sientan de un modo particular.

Por eso, si entendemos que una secuencia es un conjunto de escenas, podemos comprender también qué es una secuencia de montaje: un conjunto de escenas que queremos presentar como una sucesión de imágenes relacionada entre sí.

Cómo indicar una secuencia de montaje en un guion

La forma convencional de indicarlo en el formato de guion utilizado en la industria del cine hispanohablante consiste en señalar el comienzo de la secuencia de montaje y, después, introducir los diferentes encabezados o etiquetas de escena que la forman, hasta indicar su final.

También podemos iniciar los encabezados de las diferentes escenas con letras ordenadas alfabéticamente. No es obligatorio hacerlo, pero puede resultar útil cuando la secuencia de montaje contiene muchas escenas. Las letras ayudan al lector a identificar que esa nueva escena que está leyendo continúa formando parte del montaje.

Y aquí aparece una de las posibilidades interesantes del formato.

Si una secuencia de montaje ocupa una página del guion, podemos conseguir que el lector la imagine como una sucesión de imágenes que pasa rápidamente ante sus ojos. El espacio que ocupa en el papel no tiene por qué corresponderse con el tiempo que imaginamos que ocupará en pantalla.

Qué es una batería de imágenes

La batería de imágenes es diferente.

No se utiliza para agrupar varias escenas, sino para englobar acciones que realiza el protagonista dentro de un mismo espacio.

Puede existir una pequeña elipsis temporal entre unas acciones y otras. Por ejemplo, podemos mostrar cómo un dormitorio pasa de estar desordenado a estar completamente ordenado por un personaje, sin necesidad de indicar mediante una etiqueta de escena cada pequeño momento que ha transcurrido.

La diferencia fundamental, por tanto, está en que en la batería de imágenes seguimos dentro del mismo espacio, mientras que el montage engloba diferentes escenas.

Cómo utilizar una batería de imágenes para mejorar un guion

Una batería de imágenes puede ser aprovechada para influir en cómo el lector imagina esas acciones.

Por ejemplo, podemos introducir “CORTA A:” entre esas diferentes acciones para provocar una sensación de ritmo de montaje más rápido y picado. El contenido de la escena puede ser prácticamente el mismo, pero la forma de presentarlo cambia la experiencia de lectura.

El error de confundir una batería de imágenes con un montage

Uno de los errores que puede producirse es utilizar una batería de imágenes cuando en realidad estamos contando una secuencia de montaje.

Imaginemos que queremos mostrar diferentes momentos de una relación y escribimos dentro de una batería de imágenes que los personajes:

  • pasean por la calle;
  • viajan en metro;
  • montan en una noria.

Aquí tenemos un problema.

No estamos agrupando diferentes acciones dentro de un mismo espacio, ya que estamos pasando por diferentes espacios y situaciones. Por lo tanto, lo que necesitamos es un montage o secuencia de montaje, no una batería de imágenes.

Además del error de formato, esta decisión tiene consecuencias prácticas muy negativas:

Al no introducir los encabezados correspondientes a las diferentes escenas, los distintos departamentos que participan en la preproducción y el rodaje no reciben unas directrices suficientemente claras sobre lo que necesitan.

Y existe otra consecuencia todavía más importante:

Si utilizamos el formato sin plantearnos qué experiencia queremos generar, podemos convertir una secuencia que debería hacernos imaginar una sucesión de imágenes cinematográficas en una simple lista de acontecimientos.

El formato como herramienta para crear experiencia cinematográfica

Aquí es donde entra la perspectiva que atraviesa mi forma de entender el formato de guion:

El formato no debería utilizarse únicamente para indicar qué tiene que rodarse. También podemos utilizar sus posibilidades para dirigir la imaginación del lector.

En una secuencia de montaje, por ejemplo, decidir si utilizamos letras para los diferentes encabezados puede ayudar a que el lector entienda visualmente que sigue dentro de esa misma secuencia. Y en una batería de imágenes, introducir determinados cortes puede ayudarnos a imaginar un ritmo más rápido.

Son decisiones pequeñas, pero forman parte de una misma idea: el lector debería poder disfrutar del guion y experimentar cinematográficamente aquello que está leyendo, incluso antes de que se haya rodado.

Ésa es la razón por la que considero que el formato puede convertirse también en una herramienta de venta.

Si conseguimos que quien lee nuestro guion no se limite a entender lo que ocurrirá en la película, sino que empiece a proyectarla en su cabeza, estaremos haciendo que el propio guion juegue a favor del proyecto. Y, al mismo tiempo, sin olvidar que sigue siendo una herramienta de trabajo para todos los departamentos que tendrán que convertir esas palabras en una película.

Sobre este y otros recursos profundizo en mi libro con una intencionalidad doble: explicar cómo se aplica el formato de guion profesional, y cómo utilizarlo a favor de nuestra historia.

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